Salónica
Salónica o Tesalónica es la segunda ciudad de Grecia, capital de la prefectura del mismo nombre y un puerto importante del norte del Egeo. La ciudad se levanta en la desembocadura de la llanura formada por los ríos Aliákmonas, Gallikos y Axios, que van a parar al golfo Termaico. Es sede de un arzobispado ortodoxo y de la Universidad Aristotélica de Tesalónica y de la Universidad de Macedonia.
A Salónica llegan las carreteras procedentes del Adriático, como la vía Egnatia, y las que vienen de los Balcanes. Por eso Salónica se convierte en el puerto principal de Macedonia, en sustitución del obstruido de Pela.
Conserva restos de las murallas de la época helenística. En las laderas y la parte baja está la antigua ciudad turca, que fue destruida en 1917, fue reconstruida y conserva monumentos como iglesias bizantinas así como el arco de Galerio, que son visitados asiduamente por los turistas.
Cuatro avenidas atraviesan la ciudad de este a oeste: Nikis, que bordea los muelles; Tsimiski, la avenida de los bancos y las sedes sociales; Agiou Dimitriou; y Via Egnatia, la vía romana que aún mantiene su antiguo nombre y que unía las dos capitales rivales.
En Via Egnatia se hallan el Arco de Triunfo de Galerio y su tumba, la Rotonda, aunque nunca cumplió esta función funeraria. Esta rotonde de 25m de diámetro con rutilantes mosaicos acabó por consagrarse como iglesia a San Jorge. También en ésta se abren al público los mercados, Viali y sus antiguos oficios, Modiano y sus ouzeri, donde los hijos de Ulises brindan con los marineros de Hamburgo y Odesa.
En Agiou Dimitriou se alza la iglesia de San Demetrio, el patrón y guerrero de la ciudad. El incendio que arrasa la ciudad en 1917 pone al descubierto una cripta misteriosa con las bañeras en las que San Demetrio debió haber sido martirizado.
Entre los santuarios que no deben faltar están Santa Sabiduría, y la conmovedora Nuestra Señora de los Caldereros, Santa Catalina y los Santos Apóstoles, estos dos últimos poseen los más bellos mosaicos.
Conocida como la Torre Blanca, la Bastilla turca del lugar recupera en sus seis plantas la historia de Salónica. Desde lo alto hay una vista de contrastes sobre la ciudad moderna, los parques, el puerto, y las colinas pobladas.
Alrededor de plateia Morihovou se agitaba el antiguo barrio de burdeles y fumaderos de hachís. Hasta la década de 1950, los inmigrantes de Asia Menor venían aquí a hablar de sus tristezas. Hoy en día, completamente restaurado, sustituido por bares de moda, vibra al ritmo de la música techno cada noche. Algunas discotecas se reconcilian con el viejo rebetiko, cuyo ritmo entrecortado hace bailar a los clientes sobre la mesa.
El casco antiguo se encuentra en el interior de las fuertes murallas de ladrillo y piedra, allí se entrelazan las escaleras pintorescas y las fachadas desconchadas, donde el olor de acacia y hollín se mezcla con el griterío de los niños, entre iglesias que duermen en esta guarida. La del profeta Elías ocupa un lugar en el palacio del rey franco de Salónica. En la cumbre de la colina, las Siete Torres proyectan su sombra; este nuevo centro cultural fue la cárcel donde llevaban traficantes e inadaptados.
En las amplias salas del Museo de Arqueología se exponen magníficas esculturas romanas de rostro lechoso, pero sobre todo vale la pena ver los restos de Filipo de Macedonia, rodeado de sus tesoros dignos de Tutankamón, escudos, corazas, diademas de oro y urnas con un sol de dieciséis rayos, marca que adoptaron los nacionalistas de Macedonia.
El Museo Bizantino, con una arquitectura de vanguardia, alberga una colección permanente con iconos, mosaicos y frescos de la Torre Blanca; también dedica su espacio a exposiciones temáticas.
A 35 km al oeste de Salónica se encuentra Pella, la ciudad es un cuadrante de ruinas entre las que destaca el ágora, adoquinada con piedras blancas y negras con elegancia; delante hay un museo que expone mosaicos y objetos descubiertos en los talleres de los artesanos.
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